¡Aguarden! Solo hay un día en el que sí como lentejas: los 31 de cada diciembre. ¿Y eso por qué? ¡Porque soy supersticiosa! Mientras más lentejas coma, más fortuna y suerte tendré. Lo encuentro mucho más práctico que ponerse calzones amarillos como lo hace Rose (¡Iug! qué-horror).
Fuimos a recibir el presente año tal como lo hacemos siempre, o sea apreciando los juegos pirotécnicos de la Torre Entel. Para quienes no saben, es una torre - en verdad lo es - pero de una empresa de telecomunicaciones llamada Entel [ Todo es ciencia, pura lógica y concuerda. Yeah].
Salimos a eso de las ocho de la noche de casa, junto con Marie mi vecina - su madre se había ido a festejar el año nuevo con su novio en Viña del Mar y como no podíamos dejarle sola otra vez, la invitamos - para llegar a eso de las nueve y algo a República. Mi mamá cargaba una pequeña olla de lentejas y en una bolsa los vasos plásticos, Marie dos botellas: una de champaña y otra de Champin - es una bebida espumosa para niños - y yo unas bebidas desechables a mí gusto de tres litros. En el camino compraríamos el resto de cosas para picar; inauguraríamos el 2012 sin restricciones dietéticas (¿les dije que Rose me tiene a dieta? Sueña con que use su azul bikini de quinceañera).
Luego de caminar unas cuantas calles, nos instalamos en uno de los parques destrás de una escultura de un señor a caballo. Para entonces ya había una masa de gente considerable.
Fue una tarde eterna; por más vueltas que diese en compañía o no de Marie, la hora transcurría lentamente. Pero a eso de las diez y tanto, un grupo se subió a un escenario que también nos daba la espalda (esto también es típico de nostras: instalarse en pésimos lugares ¬¬) y empezó a tocar cumbias. Rose y Marie bailaban al son de las canciones y movían los brazos, en tanto yo las contemplaba a bostezos poco sutiles.
Once de la noche: Marie y Rose seguían bailando.
Once y veinte minutos: Rose alzaba y movía mis brazos, en tanto Marie sacudía mi cadera de un lado a otro. Por mi parte no tenía ánimos de hacer nada, salvo ver los fuegos artificiales; parecía una muñeca de trapo o una marioneta.
Once y cuarenta y cinco minutos: Marie aparece con bolsas con confeti, gorros, antifaces y cornetas.
Once y cincuenta minutos: Mamá abre la pequeña olla y reparte cucharas.
Once y cincuenta y cinco minutos: Mamá toma la champaña, Marie el Champin y yo abro las bolsas de confeti.
Doce la noche: "¡Feliz Año nuevo!". Cada infeliz, perdón, cada una olvida lo que debía hacer y nos abrazamos en conjunto. Luego, Marie se acercó al primer hombre que vio (era como de veinticinco años) y le dió un beso. Rose y yo contemplábamos abrazadas los fuegos artificiales.

se llaman "fuegos pirotécnico", Nat.
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