sábado, 28 de enero de 2012

Marie y sus ideas

Ok. No lo negaré: la idea de cambiar la planilla del blogger, fue de Marie... bueno, y no le alenté ni le dije nada. Quizás fue eso lo que le impulsó a hacer lo que hizo; el tomar mi silencio en respuesta a aceptarlo. No es que sea una niña indecisa o no sepa de las cosas, lamentablemente cuando ella hablaba y no dejaba de abrir y cerrar la boca, yo estaba pensando en otras cosas como  en lo que habría para la hora del té, pensar en mi lindo Octavio y cómo estará disfrutando de sus vacaciones y en un sin fin de cosas. Para cuando desperté Marie aplaudía alegre sin dejar de congratularse así misma por haber cambiado el formato de este programa.
Ella siempre ha soñado con ser una gran escritora y siempre se ha empeñado por hacer de ese sueño, parte de la realidad. Pero como que la realidad le da de lleno en el rostro, como una bofetada, cuando sus novelitas o pequeñas historias no son bien recibidas. A mí me agradan, pero no entiendo aún cómo es que llego a ser cómplice de sus ideas.
Hace tiempo, en un día cualquiera, Marie escaló por la pandereta de cemento que divide nuestras casas - no entiendo por qué no toca el timbre o simplemente grita "Aló" como la gente común - y llegó al living de mi casa,  se puso en frente del televisor y con gran emoción me dijo: Naty, tengo una idea.
Claro, cuando tiene buenas ideas, en verdad más que buenas son creativas, algo en su cerebro le debe decir que se pase a la casa contigua para compartirlas y llevarlas a cabalidad. De hacer caso omiso a este impulso, según mi vecina, la idea se le escapa como viento expulsado por las pompas y no vuelve a ella sino horas después y de manera muy diferente a la primera.
- Como tu madre quiere tener un lindo jardín en el patio traseo, podremos empezar con un árbol de damascos. ¡juguemos a la horticultura!
- ok - le respondí confusa - primero qué es la manicura y en segundo lugar, cómo demonios plantaremos un árbol de damascos.
- horticultura Naty - me corrigió - A tu madre le trajeron una bolsa de damascos ¿no?
- sí
- pues, nos comeremos unos cuentos y una vez acabados, los cuescos los enterramos y periódicamente les rociamos agua.
Estuve poco más de una hora comiendo damasco tras damasco sin descanso. "¡Eso Nat, come!" me animaba mientras ella agitaba su vaso de Coca Cola; ella descansaba puesto que ya había cavado el hoyo en una de las esquinas del jardín. Ya concluida mi hazaña, con casi medio kilo o un poco más de ese ácido manjar en el estómago, mi vecina y yo tomamos los cuescos para depositarlos en el agujero de tierra, y en cuclillas, antes de dejarlas, no pude resistir más y ¡buuuuuuag!
- ¡Iug! Nat, vomitaste
- sí - respondí pensativa con un trozo de fruta colgando del mentón.
Meses después y sin saber cómo, creció un lindo y generoso Limonero.

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