No he escrito porque me castigaron otra vez. No fue por no hacer mis deberes, ni por desobedecer, tampoco por hablar mal de Elvis o modificar el himno de mi colegio; fue porque un tipo de la cafetería en donde trabaja mamá, Rose, me preguntó algo lo demasiado insultante como para levantarme del asiento y darle un manotazo a la taza de café que tenía en frente: "tu madre me habla muy bien de ti. Seguro eres la primera de tu clase ¿no? ¿te gustaría que salieramos los tres, tu madre, tú y yo?"
¿Que soy la primera de mi clase? Y qué demonios se creía ese, cómo se le habría ocurrido halagarme de tal manera. Claro, me encantaría entrar a la universidad y estudiar leyes, pero de ahí a ser la primera de mi curso ¿es que tengo cara de no tener vida?
Entonces le boté la taza de un manotazo. Rose se percató y me miró enojada; antes que abriese la boca y dijera nada, tomé mi bolso, hice un nervioso paso con los pies, como bien hacía Elvis al bailar, y salí huyendo del lugar.
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